Los hijos no unen o desunen, los hijos atan

Los hijos no unen o desunen, los hijos atan

11/06/2018 31 Por Mami Rebelde

Siempre pensé, antes de tener hijos, que lo que más podía atar a una pareja era el matrimonio. JA, ¡Ilusa! Al matrimonio en cualquier momento puedes ponerle punto y final, pero aun así me daba mucho respeto dar ese paso por eso del “para siempre”. Sin embargo, al nacer mi pequeña dictadora fui consciente de que ni boda, ni hipoteca, ¡ni leches! Lo que te ata es un hijo. No unen o desunen, los hijos atan.

 

los hijos atan

 

Yo tenía una perfecta e idílica relación de pareja por lo que decidí dar el paso de la boda y de tener hijos, pero cuando nació mi pequeño bombón todo cambió. Fue un bebé un tanto difícil porque tuvo mucho carácter desde bien pequeña y demandaba mucha atención, a veces demasiada.

El tiempo pasó a ser prácticamente en exclusiva para ella. Los planes de pareja los dejamos de lado de golpe y porrazo, las conversaciones que teníamos eran para tratar temas de la niña o del trabajo (ya no eran sobre nuestras inquietudes o deseos), las discusiones fueron increscendo conforme el cansancio se apoderaba de nosotros, los momentos de intimidad disminuían considerablemente, hasta que llegamos al punto de no soportarnos y pensar que si la situación seguía así tendríamos que terminarla por el bien de nuestra salud mental. ¡Qué paradójico! Un año antes me casaba con el que creía que era el hombre de mi vida y un año después, con un bebé fruto de nuestro amor, ni nos aguantábamos.

 

 

Cometimos muchos errores de pareja…

 
La rutina. Sabía que la rutina mata pero no fui consciente de cómo realmente se carga una relación hasta que no me ví envuelta en ella. Te enfrascas en el trabajo, la niña, la casa y dormir y de ahí no sales.

El cansancio. Estábamos tan cansados que nos encontrábamos más irritables exigiéndonos el uno al otro un poco de tiempo para nosotros mismos o que el otro se ocupara de la niña aunque los dos nos encontrábamos en la misma situación, por lo que aparecieron las comparaciones sobre quién estaba más cansado, quién había hecho más cosas de casa, quién habia tenido un peor día en el trabajo, etc olvidándonos de que éramos un equipo.

La falta de intimidad. Con un bebé tu intimidad se ve reducida a la mínima expresión y eso hace mella, vamos si la hace. Parecíamos más bien compañeros de piso, que una pareja.

La falta de comunicación. Pasamos de hablar de todas nuestras inquietudes, preocupaciones, experiencias, futuro, a prácticamente hablar solo de la niña: que si tienes que llevar a la guardería una gorra roja, que si tiene fiebre, que si no ha comido fruta, que si vaya tarde ha tenido, que si ha hecho caca… vamos, todo sobre la niña, la niña y la niña.

El exceso de preocupaciones y responsabilidad. Con la llegada de un bebé aumenta la responsabilidad y la preocupación a veces hasta límites inalcanzables, sobre todo con el primer hijo por el hecho de ser padres primerizos y querer llegar a todo.

 

los hijos atan

 

Ojalá alguien me hubiese dicho lo difícil que era tener una hija con mucha más energía que yo y unas necesidades que suelen ir en contraposición a las mías. Sin embargo, con el tiempo aprendí que aunque erámos uno más y todo se había puesto patas arriba, el pilar fundamental de la familia eramos nosotros, la pareja.

Y sí, ya no seremos los mismos de antes, por mucho que lo queramos, y los hijos atan, eso es indiscutible, pero nos queremos y tenemos la familia que siempre deseamos y, eso, es gracias al EQUIPO que formamos, ÉL + YO.