Padres happycondríacos

Padres happycondríacos

La happycondría es la obsesión por la búsqueda de la felicidad. Los padres nos empeñamos y deseamos que nuestros hijos sean felices. Lógico que un padre quiera para su hijo siempre lo mejor. ¿Qué padre no quiere eso para sus hijos? Por lo que somos padres happycondríacos, pero sin darnos cuenta nos equivocamos, les estamos haciendo un flaco favor.

El problema de ser happycondríacos radica en la concepción que tenemos de la felicidad, una concepción errónea. La felicidad no es un estado permanente, al igual que cualquier emoción, ya sea negativa o positiva. Ser feliz es sentirse pleno, afortunado, alegre, radiante, etc. pero olvidamos que para que nuestros hijos logren ese estado es necesario que superen, asuman y afronten todo lo que les depare la vida.

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Por esto, como padres happycondríacos, les facilitamos todo a nuestros hijos para que no pierdan su sonrisa, evitándoles cualquier inconveniente con los que se encuentran, cualquier situación desagrable, quitándole importancia a los problemas, resolviendo sus conflictos, interviniendo para que no sufran, etc.

Por lo que no es de extrañar que a la mínima que les pasa algo vamos ipso facto a calmarles, de hecho no hay más que ver como en muchas ocasiones su lloro es fingido e incluso acudimos a su encuentro antes de que nos hayan pedido ayuda o consuelo.

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Y así NO es la vida. NO. Con nuestra forma de actuar como happycondríacos sólo conseguimos su felicidad momentánea pero no aseguramos su felicidad futura. Nadie tiene a alguien siempre a su lado que le resuelva los problemas.

De este modo, criamos niños incapaces de gestionar sus emociones, niños con escasa tolerancia a la frustración, completamente dependientes e incapaces, inútiles y emocionalmente inseguros. En definitiva, niños INFELICES. Justo lo contrario de lo que pretendemos.

Enfocamos mal la felicidad. Querer que tus hijos sean felices no se trata de llenarles de mensajes positivos todo el tiempo, al más puro estilo Mr. Wonderful, porque es hacerles creer una idealización e irrealidad y tarde o temprano vendrán las bofetadas de la vida con la mano abierta y sin previo aviso. Tanto positivismo y frasecitas llenas de purpurina, arcoiris y unicornios, son contraproducentes porque realmente son palabras vacías, que crean falsas expectativas dirigidas al postureo social.

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Tampoco es evitar que lloren, que se frustren, se sacrifiquen o lo pasen mal. NO. No vamos a estar toda la vida con ellos, por desgracia, y llegará un momento en el que crezcan y sean los únicos responsables de su vida y su felicidad.

Por ello, hay que prepararles para la vida real aunque muchas veces sea injusta, enseñarles a gestionar sus emociones, educarles en la empatía, fomentar su independencia y autonomía, enseñarles a perder y a ganar también (la competitividad sana), la lucha y esfuerzo que hay que realizar por lo que uno desea, el valor de lo que tenemos y la superación de nuestras limitaciones y miedos.

De esta forma, nuestros hijos tendrán todo lo necesario para realmente ser felices.

4 comments on “Padres happycondríacos”

  1. Virginia dice:

    Tienes más razón que un santo, la que se nos viene encima con esta generación incapaz de afrontar nada…
    Un abrazo, Cristina.
    Y ojalá nos empecemos a centrar, porque se nos va de las manos.

    1. Mami Rebelde dice:

      Y qué lo digas!!! Un beso

  2. Hijosmanual dice:

    Totalmente cierto, no podemos ponerles un colchón de agua para que cada vez que se caigan, no les pase nada, y siempre sean felices. Como dices no es un estado, sino un acumulo de buenos momentos.

    1. Mami Rebelde dice:

      Eso es, aunque no queramos verles mal ni que les pase nada… a veces hay que pasarlo para aprender y valorar lo que uno tiene y ser consciente de cómo es realmente la vida.

      Gracias por comentar, guapa!!

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¿Quién soy?

mami rebelde

Soy Mami Rebelde y tengo 36 años.

Soy mamá de una niña de 4 años, que a veces se convierte en una pequeña dictadora de mucho cuidado y otras es increíblemente maravillosa.

No soporto las injusticias ni los estereotipos, tampoco el postureo y mucho menos el victimismo como llamada de atención.

Con opinión propia y puede que a veces políticamente incorrecta, pero siempre clara y sincera.

Me encanta el sonido del mar, el olor a tierra mojada, las risas, el sol, la música bien alta, bailar como si nadie me viera, viajar, las charlas interminables con amigas y quedarme embobada viendo la sonrisa de mi hija.

“No te digo que será fácil, solo que merecerá la pena”