Relato de una relación tóxica

Relato de una relación tóxica

08/07/2018 10 Por Mami Rebelde

Aún recuerdo los tres años y pico que estuve con esa persona con la que nunca debí estar. Aquel que me pilló en un momento bajo anímicamente y aprovechó esa debilidad para entrar en mi vida, ya que de otra forma jamás hubiese podido hacerlo. Así comienza el relato de la relación tóxica que viví.

 

Al principio todo parecía normal. No era el típico chico en el que solía fijarme pero me dejé llevar. Dejó a su novia por mí y me pareció un gesto muy valiente. Teníamos solo 21 años y estudiábamos juntos, íbamos a la misma clase.

 

Relación tóxica

 

El primer indicativo de relación tóxica apareció con un mes escaso de relación, donde un día de fiesta un chico intentó ligar conmigo y al tener una negativa me respondió con una frase inapropiada. Cinco minutos después, se estaban pegando en la calle. Aún no se me olvida el ruido del chico al recibir un puñetazo en la nariz. Era como si todo estuviese en silencio y de repente se oyese un golpe seco y acertado.

 

No sabía que hacer. Estaba asustada, en shock por lo que acaba de ocurrir. Me acerqué a él y le dije que se acabó, que no me gustaba una relación con alguien violento. Entonces empezó a llorar y me dijo que no podía consentir que a su novia la trataran mal porque me merecía todo lo mejor y él me lo iba a dar.

No debí creer esas palabras copiadas de cualquier poesía barata, pero lo hice. Me apiadé de sus lágrimas secas.

 

Relación tóxica

 

Segun fueron pasando las semanas, poco a poco, de manera muy sutil, iba introduciendo en mi cabeza ideas que se contraponían con las mías propias. “Los escotes son de putas”, “los tangas se llevan para provocar”, “los tíos que hablan contigo sólo quieren sexo”… y como éstas un sinfín de frases machistas, sexualizadas e ilógicas propias de un chico que a pesar de su imagen chulesca, echado para delante, era un desgraciado que bien que miraba embobado a chicas que vestían como él consideraba que era de putas.

 


Los vestidos son de putas, no lleves eso que vas provocando, los labios rojos son de guarras, no bailes así…


 

Al cabo de un año juntos, llegó otra situación clave de una relación tóxica. Por ese entonces yo trabajaba y tenía la cena de navidad de la empresa. Iba a ser una gran noche, pero no lo fue. Recibí unas veinte llamadas. Cogí unas cuantas y únicamente me decía que “me portara bien” y que me quería. Cuando le dije que me dejara disfrutar de la noche, empezó a preguntarme cómo iba vestida. Idiota de mí le contesté y mentí para que no me dijera su opinión sobre las chicas que van con falda. Tuve que apagar el móvil por sus incesantes llamadas.

 

Relación tóxica

 

Al día siguiente se terminó pero no para siempre. Al cabo del tiempo volvimos y todo fue a peor, si cabe. Me dejó sin amigas en la universidad porque según él habían intentado ligar con él. De fiesta bebía hasta sacar su peor faceta. Le pillé varias infidelidades pero me dolía tanto y estaba tan anulada que me creí sus mediocres mentiras. Además estaba obsesionado con mis ex parejas, sobre quién era mejor. Los desprecios y las manipulaciones aumentaron. Los celos seguían siendo su talón de Aquiles.

 

Relación tóxica

 

Llegué a hundirme psicológicamente. Lo mismo lloraba a mares diciéndome que era lo mejor que le había pasado y que solo nos teníamos el uno al otro que pasaba a llamarme puta por tomarme una caña con una amiga sin él o por comprarme una falda.

Hasta que no pude más. Me sentía sola, utilizada, humillada, despreciada, maltratada, anulada. Y lo jodido era ¡¡que le necesitaba!!! Había conseguido crearme una dependencia psicológica tremenda. No sabía cómo iba a superar eso cuando mi autoestima estaba bajo tierra.

 

Relación tóxica

 

¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo he permitido estar con alguien así? ¿Cómo no me he dado cuenta de que esta relación era tóxica? ¿Por qué no hice caso a mi familia? Pero no era momento de echarme más culpa. ¡No! Era momento de superar esa relación tóxica y rehacer mi vida.

 

Fue duro pero lo conseguí. Tardé tiempo en volver a vestirme como yo quería, en hablar con chicos sin pensar que únicamente lo hacían con un afán sexual, en mostrar mis sentimientos, en poner límites y decir que no cuando no quería hacer algo, en distinguir el amor de los celos y el sexo, en aprender a quererme de nuevo, en lograr que nadie más me hiciera sentir así .. es duro y aunque a veces salga a la luz algún resquicio de secuela, conseguí recuperar la sonrisa perdida que un día me robó aquel desgraciado.